La Casa das Pedriñas, un ejemplo de constancia y amor al arte

28 junio, 2020
La Casa das Pedriñas, un ejemplo de constancia y amor al arte
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La Casa das Pedriñas, ubicada en A Veiga, es un tesoro creado piedra a piedra por el artista Daniel Mancebo, más conocido como “El Bailarín”

Dicen que “querer es poder” y la Casa das Pedriñas es una claro ejemplo de ello. Un tesoro arquitectónico ubicado en A Veiga y cuyo valor sentimental es incalculable para la familia Mancebo. En los año 1970 se colocó la primera piedra de lo que iba a ser un estudio de pintura y terminó siendo una gran construcción que cada año recibe cientos de visitantes curiosos que se quedan prendados de sus encantos.


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Daniel Mancebo, más conocido por todos como “El bailarín”, era minero de profesión, pero artista de corazón. Pintaba, esculpía, bailaba y aprendió de forma autodidacta a tocar el acordeón. Natural de A Veiga, emigró a Barcelona con aproximadamente 50 años, edad a la que se jubiló. Fue entonces cuando comenzó la historia de esta casa que quiso dejar como legado en su tierra natal.


En un primer momento iba a crear un estudio de pintura en la zona que utilizaban como huerta. Ahí fueron donde se colocaron las primeras piedras, todas ellas compradas a las canteras o que recogía junto a sus hijos en al zona de la Sierra do Eixe. Después, las iba partiendo con la mazo según el tamaño y forma que necesitaba en cada momento. Y es que cada esquina esconde un secreto y forma. Si nos fijamos podemos ver soles, peces o una Cruz de Santiago dibujada en el techo, todo ello a base de “pedriñas”. «Esto requiere mucho dinero, es algo privado. Mi madre llevaba la parte contable y hacía filigranas para llegar a fin de mes —éramos 8 hermanos— y que quedara algo para material», explican Gema y Mercedes, hijas del artista.


Ellas lo definen como un visionario. En los años 70 y 80 él ya reciclaba. Las botellas de cerveza y cava servían como lámparas; los lavaderos, como jardineras y las macetas, como estructura para crear una cúpula. Hay que tener en cuenta que incluso muchas de las piezas de forja también eran creadas por él. Y así, poco a poco fue levantado esta casa que nunca llegó a ser hogar y que solo se utilizaba de vez en cuando para dormir si en el piso había mucha gente. «A él le interesaba la parte artística, lo de fuera. Venía una visita, se la enseñaba, y seguía trabajando».

Una labor que ahora desempeñan sus hijos. Ellos no viven en A Veiga, pero todos los veranos visitan el municipio y cuando ven llegar a curiosos, salen para explicarles la historia de esta obra de arte.

“Salvemos la Casa das Pedriñas”

Daniel Mancebo falleció en el 1998, pero desde hace aproximadamente 25 años no se coloca una sola piedra. La obra quedó sin finalizar porque su enfermedad ya no se lo permitía. «Se va deteriorando y nosotros no vivimos aquí. En verano, desbrozamos y demás, pero hay cosas que se van cayendo». Mercedes, Gema, y el resto de sus hijos guardan todo con la ilusión de algún día arreglarlo y rematar la obra de su padre. «Es un chute de moral para mucha gente porque esta casa demuestra que quien quiere y tiene constancia, puede conseguir muchas cosas en la vida».


Hace unos años una vecina y amiga creó una iniciativa, “Salvemos la Casa das Pedriñas” con el objetivo de ponerla en el mapa pero también para evitar que se pierda un emblema como este. Y es que con el paso de los años los materiales se han ido deteriorando. «Ha venido mucha gente muy colaboradora que quiere ayudar a teminarla». Y es que este es el sueño de estas dos mujeres. «Sabemos el secreto de lo que quería hacer. Nosotros queremos respetarlo, por el orgullo de nuestro padre», aseguran Gema y Mercedes con gran ilusión. Nosotros no tenemos duda de que ese momento llegará que serán muchos quienes colaboren en la labor.

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