Opinión. Vidrios rotos

24 agosto, 2018
Opinión. Vidrios rotos
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En una ocasión, cuando era niña, tuve la suerte de presenciar el trabajo del moldeo del vidrio, un oficio artístico que requiere precisión y mucha concentración, y que desde luego embelesa cuando ves trabajar a los grandes maestros que llevan toda una vida dedicados a ello. Encandilados con lo que acabábamos de ver, de regreso a nuestra casas, cada uno portábamos una pequeña figurita que, en mi caso, ocuparía un espacio especial reservado a los regalos de los nietos en una estantería del salón de la casa familiar.

Aquel tintineo de los vidrios, chocando unos contra los otros tras ser moldeados en la primera fase, esperando colgados a que las manos del maestro vidriero volviera para rematarlos, es un sonido que se quedó grabado en mi memoria y conservé durante muchos años como un bonito recuerdo. Hasta que un contenedor verde, situado enfrente de la ventana de mi habitación, ha arruinado aquel recuerdo.

Los despertares de madrugada que acompañan al sonido de los vidrios rompiendo al caer dentro del contenedor, han contribuido a convertir el recuerdo de aquel sonido, en pesadilla. Y es que, a pesar de que una ordenanza obliga a los hosteleros a depositar sus residuos de vidrio entre las 8:00 y las 22:00 horas, algunos, parecen no haberse enterado. Cada noche, tras conseguir abrazar por fin a Morfeo, decenas de botellas caen de repente con más fuerza que mi pesado sueño.

Tras el susto y los intentos por dormir de nuevo, alcanzando el amanecer retorna hoy la pesadilla, pues es día de recogida y el despertar promete. Un sonido, esta vez más estridente y molesto que el anterior, hará las veces de despertador, adelantando la hora de ponerse en pie. Vidrio tras vidrio roto, esconderá en mi memoria día a día el recuerdo feliz de aquella niña que observaba curiosa el moldeo candente y tintineante de las esculturas más frágiles que nunca había visto. Aparecerá en su lugar, la rabia por una falta de respeto constante a la convivencia, y la denuncia pública, a través del micro que ahora mismo tengo delante, en busca de una solución.

Raquel Cruz

 

 

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