Opinión. Tortuoso viaje a Ourense

24 febrero, 2019 ACTUALIDAD
Opinión. Tortuoso viaje a Ourense
Opinión. Tortuoso viaje a Ourense

Contamos en primera persona un viaje a la capital provincial con las nuevas normas viales.

El pasado 20 de febrero por motivos personales tuve que desplazarme a Ourense, capital provincial, siendo además la primera vez que hacía este viaje con los nuevos límites de velocidad.

Pongo rumbo a la Cidade das Burgas a las 8:45 desde O Barco de Valdeorras, enfilando la Avenida del Bierzo para salir a la N-120 a través de la OU-622.

Los primeros compases del viaje transcurren con total normalidad, aunque una vez piso la N-120 me cuesta hacerme a la nueva velocidad -90 kilómetros hora- pero es lo que toca. Una vez paso A Rúa, en el pk. 470 me encuentro con los primeros problemas, debido al mantenimiento de la vía tengo que bajar la velocidad, ya que uno de los carriles de adelantamiento en sentido Ourense se encuentra cortado.

Continúo con la marcha, y como ya es habitual toca esquivar los baches del pk. 482 -desvío de Bendilló- y antes de llegar a Quiroga, a apenas 2 kilómetros de la villa lucense, tengo que volver a frenar y bajar con precaución a 50 kilómetros hora por el enorme badén -porque ya no es un simple bache- que está en el cruce con Os Novais, segundo contratiempo.

Paso Quiroga y todo en orden hasta llegar a Paradela, allí una señal de 80 kmh de obras me obliga a bajar la velocidad casi hasta Monforte, mientras, esquivo los baches de la zona del Lor, porque aún no han llegado las reformas a esa zona. Una vez estoy cerca de A Pobra de Brollón puedo disfrutar del nuevo asfalto, eso sí, con el vial aún sin pintar.

Paso la localidad lucense y diviso a lo lejos el Condado de Lemos, ya queda menos, pero en el pk. 513 debo parar en un semáforo instalado por obras en las que se está reparando el asfalto, tras 4 minutos detenido puedo volver a emprender la marcha.

Semáforo instalado en Monforte de Lemos

Son las 9:35 y por fin llego a Monforte de Lemos, “no vamos tan mal” pienso, aunque queda lo más duro, Os Peares. En cuanto al estado del asfalto tras pasar la villa de Lemos no hay queja, está perfecto y además el cielo me regala una mañana de invierno soleada.

Subo el Alto da Guítara y me encuentro 2 camiones cuando ya está prohibido el adelantamiento, el primero de ellos comanda el grupo de vehículos a una velocidad que oscila entre los 50 y 70 kmh, aunque siendo realista ellos no tienen la culpa, en una autovía apenas nos hubiéramos dado cuenta de su existencia, además el radar del cruce con Nogueira de Ramuín nos parece un adorno a esa velocidad.

A 2 kilómetros de Ourense, mi objetivo, el grupo de vehículos y yo nos encontramos con el segundo semáforo de la jornada, un desprendimiento en el pk. 563 me obliga a detenerme de nuevo. Tras varios minutos llego a la capital provincial, en la radio suena Malú con una canción que dice textualmente “Aprender a volar”, lo que desea el que escribe estas líneas tras casi 90 minutos conduciendo. El objetivo -el Clínico Hospitalario Universitario de Ourense- está a 10 minutos en función del tráfico urbano.

Desprendimiento en la N-120 pk.563

Son las 10:28 minutos, llego a mi objetivo, ahora únicamente queda aparcar tras la hora y 43 minutos que me llevó para hacer los 116 kilómetros de recorrido desde el punto de partida, aunque eso es otra historia pese a que servidor siente un gran cansancio, y siendo positivos, el coche elegido para hacer el viaje marca un 4,1 de consumo medio desde la salida.

Un artículo de opinión de Alejandro Lorenzo.

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