Opinión. Fin de curso

22 junio, 2018
Opinión. Fin de curso

Qué ilusión. Días llevaba nerviosa, canturreando canciones, jugando a ser profe colocando a sus muñecos listos para bailar. Imponiendo la más dura disciplina a quien se salía de fila, a quien no iba al compás. Pero finalmente felicitándoles a todos por un gran trabajo, hasta al oso mal sentado, que perdía el equilibrio estropeando una armonía de juguetes en formación digna de nota.

Tras días de ensayos, llegaba la actuación de fin de curso y prometía no sentir vergüenza, ser valiente y actuar delante de tanta gente. Para mí pensaba que se quedaría en el sitio, mirando al suelo sin poder encarar de frente al público, pero nada más lejos de la realidad. Salía a escena tímida, escondida detrás de un muro imaginario, colocándose siempre pegada a su amigo Xoel.

Y la música comenzó a sonar. Y ella sonreía. Me sonreía al verme allí, cámara en mano, como una más de tantos padres y madres pletóricos de ver actuar a sus retoños. En aquel momento pensé que quizá la estampa de tres mil padres con sus tres mil cámaras haciendo fotos pudiese ser lo que le arrancaba su sonrisa. Pero no era así, la razón más que el baile, eran los brincos al lado de sus compañeros, compartir espacio una vez más, hacerlo bien todos juntos. El cariñoso aplauso del público la hizo sonreír aún más. Y hasta saludar.

En el siguiente baile se sintió mayor al lado de los mayores. Bailar con ellos era su ilusión. Seguir el ritmo, compartir pasos, disfrutar de la misma canción la emocionaba y la hacía saltar todavía más alto.

Finalmente llegaba el momento de recibir los trabajos de fin de curso de mano de su profesora. Volvía entonces la vergüenza y las manos a la boca. Nos llevábamos a casa el esfuerzo de todo un curso, más una planta a cuidar hasta que le salga la flor.

Ya en su cuarto registraba aquella bolsa llena de cosas aprendidas y encontraba un regalo. Al abrirlo, de nuevo una sonrisa. En sus manos, la foto de sus compañeros de clase, sonriendo a cámara. El siguiente paso, colocarla en su estantería, no sin antes repasar cada uno de sus nombres y mirar la foto por última vez antes de acostarse.

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