Opinión. Aprender del lobo

6 julio, 2018 ACTUALIDAD , AUDIO
Opinión. Aprender del lobo

Su infancia estuvo marcada por los malos tratos, hasta que, con seis años, su padre terminó vendiéndolo a un terrateniente. Éste lo dejaría finalmente con un cabrero, que fallecía un año después. Aislado en el monte y sin nadie a quien acudir, Marcos Rodríguez Pantoja pasaría 11 años de su vida, hasta los 19, entre lobos.

En el relato de su historia vital, cuenta que tras varios días en el monte, tras la muerte del cabrero, encontró una manada de lobos, y jugando con las crías, llegaron los papás. Asustado, se acurrucó en una esquina viendo como la mamá repartía la carne entre las crías. La sorpresa fue, que para él, también había una ración. La loba le lanzaba también a él un trozo de carne, que Marcos agarraba con las manos y comía hambriento.

Terminado el manjar la loba se acercó a él. Y él pensó que iba a hacerle daño. En lugar de eso, lo que hizo la loba fue limpiarle la cara de la sangre de la carne que acababa de comer y de paso arrimarse a él para darle calor y cariño.

Es sorprendente escuchar de su boca que fue aquella loba la única mamá que reconoce haber tenido y los años entre lobos, los más bonitos de su vida.

Y es que tras ellos, llegaría un verdadero calvario para él. A los 19 años lo encontraba la Guardia Civil. Para llevárselo tuvieron que amordazarlo porque según explicaron los agentes, el chaval aullaba y mordía. Así había aprendido a defenderse, no era un chaval al que apresaban, era un miembro más de una manada de lobos.

En un convento aprendería a andar, a vestirse, a hablar, a comer. Y llegarían años de adaptación a la vida humana, llenos de timos y engaños que finalmente le harían trasladarse, hace ya 20 años, a una aldea de un pueblo de Ourense. Hoy Marcos se dedica dar charlas, como la que ayer protagonizó en la Casa Grande de Viloira, en la que su objetivo es transmitir el amor por la Naturaleza.

Lo curioso de esta historia, lo sorprendente, no es que Marcos consiguiese sobrevivir entre lobos. Lo curioso es, que cuando le tocó sobrevivir fue después, fue con los humanos, ese fue el verdadero reto, volver a ser humano. Con la que fue su manada, aprendió a ser uno más, cazando con ellos, conviviendo – que no sobreviviendo – con ellos. Menos mal que finalmente hemos entendido lo mucho que podemos aprender de él y la suerte que tenemos de que pueda contarnos su historia.

Raquel Cruz

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